MI PLAN SECRETO PARA DOMINAR EL MUNDO

LOS PARAGUAS

No hay objeto más sobrevalorado que el paraguas.

Deberían hacer un monumento a todos los ojos caídos en batalla por culpa de esos miserables, paraguas medio rotos. Asesinos, mercenarios. Andan mutilados por ahí, salpicando a todo transeúnte que ose acercarse. Son poseedores del arma más letal que jamás haya sido utilizada en contra de los seres humanos. Los alambres de su esqueleto que carecen de las bolitas de plástico, su fiel aliado en contra de los ojos.

¿Qué? ¿Me vas a decir que al final, cada vez que llueva, vamos a tener que salir vestidos como para ir la guerra?

Botas para la lluvia – Listo.

Impermeable con capucha – Listo

Anteojos de constructor – listo.

Para hacerle frente hay que estar muy entrenado, ser ágil, sobre todo bajo las cornisas. Hay que ir esquivando gente de distintos tamaños con paraguas totalmente opuestos a su estatura.

Dato de color: Lo mejor para la lluvia es llevar un bolso en vez de mochila, porque lo podés llevar abrazado.

Luego, enfilar derecho y rápido, nunca dudar. ¿Creíste que por estar lloviendo ibas a poder aprovechar la arquitectura urbana para salvarte de algunos cm3 de agua? Pues no, mi amigo, debajo de cada balcón, contra la pared, cuando llueve, siempre hay una persona con su paraguas. ¿Su misión? Hacer todo lo posible para que cuando llegues a destino no quede seco ni un lugarcito de tu cuerpo. Cada humano que va con su paraguas debajo de balcones, contra la pared, cuando llueve, tiene fijado en su cabeza un único objetivo. Salvarse solo. No le importan los pobres transeúntes carentes de ese objeto maligno. Este humano, lo único que quiere es llegar bien sequito. Por eso va con paraguas debajo de los balcones.

Haciendo un paréntesis, no está de más decir que los paraguas, si hay algo en lo que son buenos, diría ejemplares, es que son leales. Muy leales. Y los que están destinados a ir bajo los balcones, más aún. Van a impedir, a toda costa, que el chorro de agua que cae de las cornisas llegue a la cabeza de su portador. Y harán lo imposible para que te caiga a vos. Que vas sin paraguas. Y tenés los dos ojos sanos. Sos su archienemigo.

 

Por otro lado, está el siempre letal ‘paraguas roto al viento’. Este es peligrosísimo. Es el paraguas huérfano de mano cansada que lo sostenga en alto. En vez de quedarse en casa, olvidado detrás de los lugares más insólitos, se empeña en hacerse ver como el mártir de la peor tormenta de Santa Rosa de la década. Aquel caído en batalla, que, tras ser traicionado por el viento, rompe su eje y pierde su total sentido de existencia. El viento lo ha dejado en ridículo. Patas para arriba. Es en ese momento que, tras un berrinche con forma de lucha libre, se deja llevar por el viento y hace que esas bolitas de plástico se rompan o se pierdan en alguna alcantarilla, para quedar al desnudo. Con todo su poder al máximo esplendor.

Luego de su transformación, ese paraguas ruin se volverá a aliar con el viento para remontar en vuelo y sacarle un ojo a alguien. En ese momento sabemos que hemos perdido otra batalla.

No podemos dejar de mencionar, que trabajan bajo las órdenes del peor General con ansias de Dictador que pueda existir sobre la faz de la tierra: La sombrilla de playa. Esa tía maldita y borracha que no sólo le hace la vida imposible a esa familia de 7 que lo único que quieres es escuchar a Leuco, sentado en su reposera, haciendo un hoyo con los pies, mirando el atardecer de hormigas humanos. Si no, que también se empecinará en dejar su legado en esta guerra cruel y sangrienta contra los ojos de la gente.

Es por eso, porque estamos cansados de sistemas represivos y autoritarios, pedimos a todos Uds., lectores, que adhieran a la causa.

***

Tentar a la suerte

Siempre me pregunté si a la suerte la han expulsado del mundo o simplemente está durmiendo una siesta.

Claro, es fácil suponer que, si la exiliaron, ella debe estar un poco molesta con nosotros y por eso se complota con su gemela maldita para hacer que la balanza de nuestras vidas, nunca esté en equilibrio.

De la mala a la buena suerte y viceversa.

Hay quienes opinan que ese equilibrio sería la no-suerte. Espero que Ud. no sea partícipe de esta opinión sin gollete alguno.

La otra opción es que la muy vaga ande durmiendo siestas de domingo a viernes, por ejemplo, para despertar algún sábado y pasearse entre nosotros para festejar navidades sin que terminen en caos familiar o rompa alguna pareja porque no salieron los 6 números del LOTO. Esto depende, sí o sí, del humor con el que se despierte. Sin embargo, ella va y viene, trotamundos, pescando a distraídos y esquivando a perseguidores ambiciosos

Hay una sola manera de tratar con la intermitencia de la suerte y así poder vincularse con ella. Si Ud. quiere dejar de sufrir por culpa o beneficio de la suerte, sólo debe tentarla.

Ser su diablito en la oreja que le diga para donde disparar. Probar con hacer lo inesperado. Conocer excepciones a las reglas; no volver sobre tus pasos ni arrepentirte por alzar la voz, pedir disculpas o reconocerte identidad.

Creer que nada está escrito y que cada paso nace de tus pies y no desde las órdenes de los otros.

Tentarla con buenas fiestas, encuentros que nos ponen en ese lugar tan extraño que es sentir el espíritu.  Ese fueguito que hay cuando algo convive con vos, se mueve con vos, se tienen entre dos.

Puede que la suerte venga echada o no. Sea como sea, tome Ud. las riendas de la suerte y cabalgue hacia la vida.

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